Vida fuera de control


La receta del éxito no pide mucho. Casi nada, en verdad. Dice que uno tiene que estudiar justamente lo que le gusta, conseguirse un trabajo de ensueño y consagrarse en él, comprar carro y casa propia, hallar a su alma gemelísima, tener hijos, disfrutar con calma la vida, tener una salud impecable, ahorrar lo suficiente para un retiro tranquilo y, además, verse estupendamente bien. Pero como nadie es de piedra, entre los desafíos cotidianos, las expectativas sociales y las ilusiones individuales, evidentemente hay quienes se frustran o se deprimen alguna vez porque no tienen el álbum completo.

"Cuando estamos conformes con lo que tenemos, nos sentimos bien. Estamos tranquilos, de buen humor y bien ubicados con respecto a las capacidades y necesidades de nuestro yo interno", explica la psiquiatra Eva Salas. "Pero cuando hay una inconformidad importante, nos comparamos con lo que el otro sí tiene y que yo no tengo, a veces a un nivel muy inconsciente. En una `crisis existencial’, esa inconformidad no se puede manejar y va más allá del simple deseo o del hecho de estar haciendo lo que necesito hacer".

La especialista señala que en muchos casos la persona entra en una racha depresiva y siente que su vida es un desastre, que tiene muy mala suerte y que todo le sale mal. "En el léxico científico, lo que la gente llama `crisis existencial’ nosotros lo llamamos un `trastorno de adaptación con síntomas depresivos’. Es una mezcla de
frustración, tristeza y rabia asociada a ciertos objetivos que el individuo a veces no puede superar por su cuenta".


L A S M Á S C O M U N E S
Las crisis existenciales no son tan raras como parecen. La más común es la de transición de la niñez a la adolescencia.

"El joven no sabe qué va a pasar con su vida y además está muy confundido porque no es niño ni es adulto: es una incertidumbre que está estrechamente relacionada con esos cambios. Otra muy frecuente es la de la mujer soltera que después de los 25 años tiene una buena profesión y un buen sueldo, pero que está preocupada porque no tiene pareja y/o hijos. En los hombres se suele ver también algo parecido alrededor de los 35, cuando no tienen casa propia y ya no quieren vivir con los padres o cuando no tienen el empleo o el sueldo para comprarse lo que les gustaría tener, por ejemplo".

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